“El éxito; es sobreponerse al fracaso
con el entusiasmo intacto”
Winston Churchill

El número tres ha acompañado al pensamiento del hombre desde sus inicios y ha jugado un papel trascendental en la historia, lo encontramos desde la filosofía de Platón donde lo incluyó como la imagen misma del ser humano en sus tres personalidades; la material, la espiritual y la intelectual, es decir la unidad del hombre mismo. Quizá por tal motivo su discípulo Aristóteles se convenció de que tres contiene en sí, al principio, al medio y al fin, lo que nos habla de que es el símbolo de la perfecta armonía, de la conservación y del progreso natural de las cosas.

Para la tradición Judeo – cristiana, el tres simboliza al padre, al hijo y al espíritu santo, tres días le basto al hijo de dios para “destruir y construir el templo”, que no es otra cosa que la imagen de su muerte y resurrección. Tres días le fueron suficientes al mundo para reconocer que rock, jóvenes, música y drogas no eran tan peligrosos como se creía, con el festival de Woodstock, y así, justo en tres días Winston Churchill cambio la historia de la humanidad al no dejar que su miedo a la derrota, a la crítica, a la soledad, a sus más profundos mounstros, pero sobre todo a lo que pudo haber ocurrido si no se hubiera aferrado a no pactar, a no sentarse en la mesa del diálogo y a no rendirse frente a un personaje tan oscuro como Hitler.

Precisamente, el pasaje por todos esos oscuros y dramáticos sentimientos es lo que logra transmitir la gran dirección de Lorena Maza y su equipo de ocho maravillosos actores en la obra “3 días en mayo”. Historia extraída de los diarios de Jock Colville (Secretario de Churcill), donde el exfuncionario nos muestra la intimidad de lo ocurrido en el número 10 de Dowing Street. Diarios que vieron la luz en los años ochenta y que Ben Brown extrajo para crear esta delicada pieza histórica y llevarla al teatro para que todos pudiéramos conocer que la guerra no sólo se lleva a cabo en las trincheras si no, también en los pensamientos y decisiones, en las entrañas mismas del ser humano, que la guerra (ese mal “necesario” de la humanidad) una vez que comienza solo la puede ganar el más audaz, el más valiente, el más inteligente, el más decidido, pero sobre todo el que tenga más corazón.

Con una escenografía sencilla pero impecable, una iluminación y musicalización perfecta, esta obra logra transportarte al momento que viven los personajes que se encuentran bajo la presión de uno de los momentos más difíciles de la historia moderna, pactar con el tirano o seguir luchando.

Con una pared que sube y baja, que en ocasiones se vuelve un mapa de Europa donde se va mostrando todo el territorio que los nazis ya tiene bajo su yugo y que en ocasiones se vuelve pared del cuarto de guerra británico, tiene unas puertas que cuando son cruzadas por los personajes, estos dejan atrás la oficina militar y sus cargos en la alta esfera política y quedan al desnudo con sus sentimientos, con sus miedos, con sus reflexiones, con sus rezos y su manera particular de ver la guerra.

Con sublimes actuaciones (de Luis Miguel Lombana, José Carlos Rodríguez, Pedro Mira, Miguel Conde, Nicolás Sotnikoff, Juan Carlos Beyer y Fernando Bonilla) y un ligero olor a puro que el dramaturgo, periodista, locutor y escritor Sergio Zurita, en la piel de Winston Churchill impregna en la sala el tiempo pasa y uno como espectador cada vez se encuentra más sumergido en la historia. Por cierto, hablando del maestro Zurita, que pareciera en ocasiones exagerado en su actuación, quizá es porque no estamos acostumbrados a ver actores que se tomen tan en serio su papel y lo llevan al extremo o quizá solo por que como ha comentado en entrevistas “es el papel de su vida” y se nota, más allá del extraordinario parecido con el personaje histórico, su fluidez en el escenario hace de esta pieza teatral imperdible y sencillamente extraordinaria.

Así, durante casi dos horas somos participes de los días 26, 27 y 28 de mayo de 1940 que fueron determinantes en el futuro de Inglaterra y del mundo. Difícil resulta no ver la relación y similitud con los riesgos políticos actuales, imposible dejar de lado el peligro que corre la humanidad cuando las decisiones políticas no se toman alrededor del bienestar colectivo, al amor por la patria, al riesgo que tiene que correr una nación para pasar a la historia.

Jesús Eduardo Hernández Estrada

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