Las redes sociales han jugado un papel muy importante en nuestras vidas, estas van desde los procesos básicos de socialización hasta la capacidad que tenemos de analizar, saber o estar realmente informados.

La socialización es el proceso de influjo o influencia entre una persona y sus semejantes, un proceso que resulta de aceptar las pautas de comportamiento social y de adaptación a ellas. Esta socialización se puede describir desde dos puntos de vistas. El primero es el objetivo, es decir la influencia que ejerce la sociedad en el individuo, en cuanto al proceso que moldea al sujeto y lo adapta a las condiciones sociales. El segundo, el subjetivo, como el proceso de aceptación del sujeto a las reglas que le impone dicha sociedad.

Una de las funciones que las redes sociales han desempeñado es remplazar funciones naturales como la socialización, a través de medios tecnológicos, lo cual podría revelar un déficit de la comunicación personal. Cuando el sujeto se sumerge en la tecnología para afianzar, sostener, comenzar o simplemente ser aceptado en sociedad, contradice el propósito de las redes sociales, ya que éste acaba en realidad por alejarse de las personas más que acercarse. Y así tenemos un sujeto inmerso en la clandestinidad de los cuartos, cafés internet, en vez de convivir en las calles de la ciudad, escuelas, parques o clubes deportivos.

Actualmente las redes sociales sirven ya no solo para socializar, sino también para estar informado y para tener lo más pronto posible el nuevo suceso o la información más reciente de alguna noticia, la inmediatez de las redes ha generado un nuevo fenómeno, la sobre carga de información o lo que algunos especialistas de estos temas han llamado la “infoxicación”.

La información es la capacidad de responder preguntas que expliquen los datos, por qué sucedió esto o aquello, cuál es la razón de que las cifras suban o bajen. La información requiere, necesariamente, del pensamiento. Una secuencia rápida de imágenes, sonidos y locución puede resultar impactante para convencer al consumidor o al elector, como ya advertía Vance Packard al final de los años 50, pero no permite hacer el proceso reflexivo que lleva a comprender el porqué de los sucesos.

La cantidad de datos que recibimos a diario y a los que tenemos acceso, solo nos puede ser de utilidad en la medida en que los podamos procesar como información. No basta con estar enterado de que algo sucedió, es necesario saber por qué sucedió, en qué entorno y contexto sucedió; ahí sí vamos a estar informados; antes de eso solo estaremos impactados e, incluso, saturados por exceso de impacto. Los datos dicen lo que está sucediendo, pero la información nos ayuda a comprender por qué sucede. Es decir, sin la debida información solo estaremos llenos de datos inútiles que podrán servir para impresionar a alguien o para hacer sobremesa, pero no alcanzaremos a generar un diagnóstico de lo ocurrido.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la infoxicación es la enfermedad de la sociedad digital. Su peor consecuencia es que nos paraliza y nos impide avanzar hacia los objetivos que nos hemos propuesto ya sean individuales o colectivos como organización; por mera saturación informativa. No es necesario con estar al día con la información, se requiere saber para qué queremos estar informados o que queremos hacer con esta información. El concepto de infoxicación como tal fue acuñado por primera vez por Alfons Cornella, Fundador y presidente de Infonomía en el año 2000 o finales de 1999. Sin duda fue un gran acierto por parte de Cornella ya que fue el primero en darse cuenta de esta nueva “enfermedad”. De esta forma para principios de este siglo ya existía un concepto para definir los síntomas de lo que empezábamos a vivir como un fenómeno global y que fue impulsado primero por Google y las redes sociales después.

El primer paso se ha dado, reconocer que tenemos una enfermedad, después saber que la causa, el reto está frente a nosotros, saber qué información necesitamos y cual nos puede ayudar a tener una visión más amplia de las cosas. Filtrar los que leemos y vemos puede ser un gran principio para regresar a una vida sin prisa por saber todo y en todo momento. Una vida más relajada y alejada de la inmediatez, una vida donde nos importe más el por qué que el cuándo.

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